“Laura”, de Otto Preminger: BSO y película.

Hoy toca película y banda sonora de todo un clásico del film noir. Una de las mejores películas del género y una de mis favoritas, de esas que no te cansas de ver nunca. Laura, del director Otto Preminger.

Laura es, probablemente, el mejor título del director vienés y una de las historias más fascinantes del cine negro de los años 40.

En la ciudad de Nueva York una mujer llamada Laura Hunt (Gene Tierney) ha sido asesinada. El detective Mark McPherson (Dana Andrews) se hace cargo del asunto, siendo sus primeras tareas el interrogatorio de dos posibles sospechosos: un periodista llamado Waldo Lydecker (Clifton Webb) y Shelby Carpenter (Vincent Price), el prometido de la fallecida.

Iniciada por Rouben Mamoulian, la película centra el misterio en torno al personaje femenino que da título al film, una mujer que obsesiona a todos los hombres que se acercan a su personalidad y figura, desde el sentimiento necrófilo del policía encargado de la investigación, hasta el sincero entusiasmo amoroso de un seductor gigoló de refinado porte, pasando por la ofuscación paranoica de un maduro y celoso escritor, lleno de agudeza y cultura que se verá arrastrado por una malsana perturbación pasional.

Preminger maneja la película con soltura y elegancia, refinamiento en la puesta en escena y tensión en la construcción del suspense.

Un magnífico guión con ingeniosos diálogos y la espléndida fotografía del gran Joseph LaShelle (que consiguió su único Oscar con este título), dotan al relato de un tono enigmático que alcanza su máxima expresión con la aparición cuasi fantasmal de la bella Gene Tierney junto al cuadro que preside el salón en donde transcurre casi toda la acción.

Además de enmarcarse dentro del thriller clásico, con las características de ambientación urbana y relente como definición de la psique de unos personajes ambiguos y una perturbada trama, atmósfera taciturna, intervención de la femme fatale como motor del asunto o utilización narrativa del flashback, “Laura” es una intensa película romántica, con los celos y la obsesión como principal mecanismo temático.

Con respecto a la banda sonora, se puede decir sin duda alguna que está a la altura del film. La melodía que David Raksin compuso para el filme de Otto Preminger, Laura es uno de los temas más escuchados, grabados y versionados de toda la historia de la música del cine.

David Raksin – Laura (From “Laura”)

La primera vez que Raksin vio el filme se dio cuenta de que antes que una historia policíaca o de intriga se encontraba ante una historia de amor: la que el detective McPherson (Dana Andrews) siente por la fascinante Laura (Gene Tierney). Sin embargo, al acabar la proyección, Zanuck decidió cortar una escena que él consideraba sin trascendencia, pero que Raksin creía de vital importancia: la secuencia en la que McPherson registra el apartamento de Laura y empieza a mostrarse obsesionado por ella. Raksin alegó que si cortaba esa escena el público no sabría que el detective estaba enamorado de Laura, una mujer a la que sólo había visto en un cuadro y conocía por referencias de otros. Indignado, Zanuck hizo encender las luces de la sala y preguntó: “¿Quién es ese que ha hablado?”. Alguien le constestó: “Es el músico”. Sin acobardarse, Raksin defendió sus argumentos, pero Zanuck le dijo que el público no notaría los sentimientos del detective, sólo lo vería registrar un apartamento. “Será la música quien se lo dirá”, aseguró Raksin. Zanuck decidió darle un margen de confianza y le dijo que pusiera música a la escena para ver cómo funcionaba. “Pero”, le advirtió, “si la escena no funciona, será culpa tuya”.

Raksin había ganado la batalla, pero no la guerra. Enseguida se enteró de que, por su parte, el director Otto Preminger quería usar como melodía principal del filme el “Summertime” de la ópera de George Gerswin Porgy and Bess; como no consiguió los derechos, se decantó por una célebre melodía de Duke Ellington, “Sophisticated Ladies”. Raksin le advirtió que sería un error emplearla, ya que provocaría una serie de asociaciones erróneas con el personaje de Laura. Finalmente Preminger opto por una solución salomónica: “Muchacho”, le dijo a Raksin, “estamos a viernes: si el lunes me traes una buena melodía la usaremos; si no, “Sophisticated Ladies”.

La segunda victoria de Raksin, sin embargo, prontno se vio ensombrecida de nuevo: durante un fin de semana entero se sentó delante del piano intentando sacar una buena melodía, pero la inspiración no llegaba. Entonces recordó algo: una carta de su esposa que tenía en su bolsillo y que no se había atrevido a abrir hasta entonces porque temía malas notícias. Entonces lo hizo: efectivamente, su mujer le pedía el divorcio. Raksin dejó la carta sobre el piano y empezó a teclear: poco a poco el desinhibido sentimentalismo de la melodía de Laura empezó a tomar forma y el lunes Preminger se había olvidado por completo de “Sophisticated Ladies”. “Puede que la melodía de Laura no parezca más que uno de tantos temas pegadizos y sensibleros de Hollywood”, reconocía el propio Raksin, “pero cuando la compuse el sentimiento del que surgió era auténtico”.

El hecho de que la melodía Laura se haya hecho tan popular se debe, sin duda, a que es fácilmente memorizable y cantable (lo que en inglés se denomina tune, una melodía “pegadiza”). Aunque de educación clásica, Raksin se formó en ambientes del musical y él siempre ha expresado su admiración por las tunes de Harry Warren, Jerome Kern o Richard Rodgers. El tema Laura tiene algo de ese estilo y, por ello, se adecúa al ambiente de alta sociedad en que transcurre la película. Pero, además, el tema es tan fácilmente moldeable a todo tipo de variaciones, que Raksin es capaz de transcenderlo a los terrenos de un romanticismo, un sentimentalismo incluso, que es el núcleo escondido del filme.

La presencia obsesiva de Laura es subrayada por su tema que, precisamente gracias a ser fácilmente memorizable, acaba por ser también obsesionante para el espectador, ya que está presente en todas partes: no sólo en muchos pasajes incidentales del filme, sino también en un fonógrafo o como música de baile en una fiesta. La Laura de Waldo parece estar siempre presente, aunque el espectador no resuelva el enigma hasta el final: de ese modo la mera historia de detectives y el ambiente frívolo y superficial del filme es trascendido a los terrenos de una pasión amorosa obsesiva y destructiva (la de Waldo por Laura) que será el centro del filme.

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El halcón maltés.

Con la película “El halcón maltés” comienzo la sección dedicada al “Cine negro”, uno de mis géneros preferidos. Y no la he escogido aleatoriamente o porque sí. Se trata de una de mis películas favoritas, y si hablamos de cine negro, es considerada la película que dió comienzo a dicho género y para mí es la mejor.

La trama de la película (basada en la novela con el mismo nombre de Dashiell Hammett, que también he leído y de la que hablaré otro día en otro post) se centra en una figura procedente de la época de los Templarios que representa un halcón de color negro, el halcón maltés, por la que varios hombres están dispuestos a disparar sus pistolas. Una mujer alta, cimbreña, sin un sólo ángulo, derecha y alta de pecho llega a la oficina de los detectives privados Spade y Archer para que persigan a un hombre que tiene secuestrada a su pobre e inocente hermanita de 17 años. Los hombres aceptan y se meten en un lío que tiene ya varios muertos encima. Lo más interesante de la película es, tal vez, la falta de moral de sus protagonistas. No hay buenos ni malos, nadie es fiel a nada, no existe la amistad ni hay leyes para respetar. No hay causas que vayan más allá del dinero, un buen trago y un cigarrillo en la oscuridad.

Encontramos en el film a un personaje con vocación de mito desde su mismo nacimiento: Sam SpadeEn la película el personaje está encarnado por el mítico Humphrey Bogart, actor que le aportó su sabiduría y serenidad interpretativa para incorporar al cínico, perspicaz y parlanchín detective. En su papel, (ofrecido inicialmente a George Raft), Bogart dio con la imagen que adoptaría para el resto de su carrera cinematográfica: un héroe duro y romántico a la vez, con un código de honor muy personal.

Decidido a toda costa a convertirse en director, según cuenta la historia, Huston envió a las oficinas de Jack Warner un detallado borrador de la historia, escena por escena. Warner lo aprobó de inmediato, impresionado por lo que creía era el guión final. Sin embargo, advirtió a Huston que debía limitarse a seis semanas de rodaje y a un presupuesto de 300 mil dólares. Huston siguió las indicaciones al pie de la letra y elaboró un cuidadoso plan de rodaje, en el que cada toma estaba planeada con precisión matemática. El resultado fue un filme asombrosamente fiel al guión original, algo que casi nunca sucede en el mundo del cine.

Huston se rodeó de un reparto insuperable, encabezado por Humphrey Bogart, y donde destacan también las impresionantes actuaciones de Mary Astor, Peter Lorre (como el afeminado Joe Cairo), Sidney Greenstreet (como el deliciosamente maligno “el Gordo” Gutman), Jerome Cowan en el papel de socio de Same Spade, Gladys George (la fiel secretaria) y Elisha Cook en su símpatico papel de gángster de tres al cuarto. Un reparto para una película única e inolvidable.

Si la película es importante en la historia del cine es por haber inaugurado un nuevo género dentro de la temática cinematográfica, el cine negro. Este género literario nació por una razón, la misma que motivó el nacimiento de la cinta que nos ocupa, El halcón maltés (the maltese falcon,1941). Ubiquémonos en el contexto histórico cinematográfico en los periodos durante los cuales destacó aquel “oscuro” movimiento.

Uno, primero, es necesario situarlo entre 1941 y 1946. En ese tiempo se establece el estilo visual (encuadres siempre esquivos, iluminación expresionista que permitía destacar entre las sombras casas solitarias, callejones sin salida, muelles deprimentes, cuartuchos descascarados, siempre cargados de violencia) y algunas notaciones temáticas, a cargo del detective privado, que fue un hombre completo, un hombre de honor por instinto, sin pensarlo y por cierto sin decirlo, un hombre relativamente pobre, porque de lo contrario no sería detective, un hombre que jamás aceptó el dinero de nadie, ni la insolencia de nadie, un hombre solitario que hablaba con tosco ingenio y con un vivaz sentimiento de lo grotesco. Por el contrario las mujeres casi siempre representaban el papel de brujas intrigantes y duras, llenas de codicia y lujuria, capaces de envenenar cualquier situación. Ellas eran las causantes de la violencia, y como mejor ejemplo, Brigid O’Shaughnessy encarnada por Mary Astor.

Después de la guerra vino la segunda fase (1945-49) en la que la recreación de la realidad resultó más evidente. El antihéroe, se tornó menos romántico y más fatalista. Obras como La ciudad desnuda (Naked city, 1948) de Jules Dassin es ejemplo de esa etapa.

El tercer periodo iniciado en 1949, es cuando el film noir alcanza su momento más rico y complejo: universo hostil, antihéroes capaces de atestiguar la desintegración de sus convicciones, como ocurre en aquel laberinto creado por Orson Welles titulado Sed de mal (Touch of evil,1958).

De esa manera, en el film que nos ocupa, perteneciente al nacimiento de este género, podemos ver ya cómo predomina el plano picado sobre cualquier otro tipo de plano. Esto es debido a la intención de magnificar y mitificar el personaje de Bogart y la figura que representa dentro de la trama, y debido también a características técnicas, ya que el actor era de baja estatura y no admitía otro plano que no fuese éste, tan antinatural. Además es curioso señalar cómo en todos los planos siempre hay algún personaje más bajo que él, ya sea de estatura como por estar sentados u otra estratagema.

La iluminación que presenta la obra es una luz cenital que destaca la frente de todos los personajes y acentúa los rasgos faciales con zonas en sombra y zonas iluminadas, dando así a entender que siempre se guardan algo que no muestran, que no existe la sinceridad en estos personajes.

La ambientación, fotografía, música, el ritmo y la planificada elaboración de las escenas son los puntos fuertes de un film hipnótico que, a pesar de su gran cantidad de palabrería, fluye al compás que necesita la acción.

En resumen, El halcón maltés es una película clásica tanto por sus actores, por su director, por su realización (el Hollywood de los mitos) como por su carácter de iniciadora de un género que llega hasta nuestros días. Humphrey Bogart se convertiría en uno de los grandes iconos en la historia del séptimo arte a partir de este papel. Por todo esto y por la profundidad de una trama aparentemente complicada pero que te absorbe como un remolino hasta el último minuto de cinta, merece el reconocimiento de gran película.