Una gran película que como tantos otros clásicos del cine nos acercan a la figura del hombre, a su vida y al drama de ese vivir… uno de esos clásicos imprescindibles para los amantes del buen cine.
Los mejores años de nuestra vida (The Best Years of Our Lives) producida en el año 1946, narra simultáneamente las historias de 3 soldados americanos que regresan a casa tras años de contienda. La guerra se ha cobrado los mejores años de sus vidas: Al Stephenson (Fredic March), veterano sargento del ejército, descubre que sus hijos pequeños son ahora jóvenes adolescentes que en parte le desconocen; Fred Derry (Dana Andrews), joven capitán de bombarderos, se da cuenta que su joven esposa Marie no le ha sido fiel; y Homer Parrish (Harold Russell) pasa por el calvario de volver a casa con las manos amputadas. Para los tres la guerra ha supuesto un antes y un después en sus vidas. Y ahora —cuando por fin la guerra ha terminado y llega el esperado regreso— se encuentran con una sociedad que ha vivido al margen de sus vidas y que los trata de forma fría y con una aterradora indiferencia. Los honrados héroes de la guerra viven entonces la impiedad de su nueva vida doméstica.

Una película que conquistó al pueblo americano de la posguerra y que aún hoy hace vibrar al espectador impresionado por el drama social y afectivo de sus protagonistas. La RKO Pictures cosechó el mayor éxito comercial desde Lo que el viento se llevó y fue premiada con 7 Oscar (entre ellos cuatro de los cinco grandes: película, director, guión y actor principal). El reparto de la película es espectacular: Myrna Loy, Fredic March, Dana Andrews, Teresa Wright, Virginia Mayo.

William Wyler se encargó de dirigir esta íntima y desgarradora película, donde puso de relieve el drama de la marginación social y el desempleo, lo que le valió el Oscar de la Academia. Harold Russell (Homer) se convirtió en el único actor en conseguir dos Oscar por un mismo papel: mejor actor secundario y un Oscar especial por traer esperanza y coraje a nuestros veteranos. Fredic March logró el segundo y último Oscar de su carrera, arrebatándoselo al favorito James Stewart, que había sido nominado por Qué bello es vivir.

La película tiene una carga afectiva desbordante al tratar las crisis y los romances de las tres parejas de forma simultánea: el amor maduro entre Al y Milly, el noviazgo de Homer y Wilma, y amor incipiente entre Fred y Peggy.
Sobrecogedora historia. Magnífica película.
Respecto a la banda sonora, el productor Samuel Goldwyn y el director William Wyler quisieron hacer un retrato realista y algo alejado de las convenciones hollywoodienses sobre el problema de la reinserción de los excombatientes en la vida civil. Aunque repleto de muchos de los tópicos del melodrama convencional, Los mejores años de nuestra vida trataba de dar una nueva visión a ese material, a través de un estilo más naturalista, menos dramatizado y antisentimental. Por ello, Goldwyn decidió que era necesaria también una música con un sonido “diferente” al típico de tanto melodrama de los años cuarenta.

Goldwyn recurrió a Hugo Friedhofer, un compositor cuya música considerada ecléctica y demasiado “moderna” resultaba demasiado difícil para los oídos de muchos productores y las ocasiones que había tenido de componer habían sido muy pocas. El compositor logró bordar una auténtica obra maestra sonora: su música es honesta, nada efectista, transparente y alejada de manierismos, como los personajes del filme, un grupo de personas cotidianas enfrentadas a una situación que las desborda.
Con el Oscar a la mejor banda sonora, se hizo justicia al trabajo de este magnífico compositor, Hugo Friedhofer.
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