No me estoy despidiendo de nadie. El escueto adiós del título está ahí solitario, esperando que desvelemos su significado, o mejor dicho su origen. ¿Porqué decimos adiós cuando nos despedimos de alguien?

En épocas pasadas la palabra tenía un valor del que hoy carece. Y los tiempos se median con urgencias menores. Por el siglo XVII, la frase que se usaba para despedir a alguien que se marchaba a otro lugar era “A Dios te encomiendo” porque ya no estarían cercanos y la única manera de desearle buenos augurios era ponerlo en manos de Dios.
Con el paso de los siglos la frase sufrió un recorte y el saludo se abrevió en un: “A dios”. Finalmente se llegó al escueto “adiós”.
En otros idiomas distintos al español la suerte fue similar. Por ejemplo, en el inglés, la frase a utilizar era: “God be with you” (Qué Dios sea contigo), la cual se fue acortando hasta arribar al famoso: GoodBye. Ésta a su vez fue recortada por el uso cotidiano hasta el “bye”.
No me gusta mucho a mi despedirme así. Últimamente he observado una generación de entre 40 en adelante que dicen “cuídate…” no se si lo dicen porque ven canas, yo las llevo teñidas pero aun así saben que las llevo.
Un saludo
También es curiosa la forma de saludarse (que no despedirse) de las personas. Las hay que al verte te dicen “adiós”. Otros te dicen “hola”.
Yo soy de los del “hola”.