“La Lanza de Longinos”, de Alberto Pena.

Primavera de 1943…
La II Guerra Mundial comienza a ser desfavorable para Alemania y un temeroso Hitler encarga a destacados científicos la tarea de salvar al Tercer Reich.

En las cuevas secretas de Carso Checo, en plena Bohemia, deberán construir el arma definitiva que cambie el curso de la guerra de una manera definitiva.

Simon Quest, miembro del servicio de inteligencia británico WarForce, descubre parte del plan y comienza junto a lacriptógrafa Maya Schneider la búsqueda del doctor Weismann, el cerebro y líder de los científicos alemanes.

 

De esta manera se presenta en Bubok (web para autopublicar libros) la amena novela del gijonés Alberto Pena, de profesión escritor y formador especializado en Productividad y Gestión Personal.

La Lanza de Longinos es la primera y de momento la única novela de Alberto Pena, y encontramos en sus páginas una novela histórica que engancha desde el principio y muy bien ambientada. Lejos de las grandes tiradas y de los grandes éxitos editoriales, la novela no es muy conocida y leerla y tenerla en nuestra biblioteca ofrece el gusto de disponer de una pequeña joya en manos de pocas personas.

Tampoco voy a exagerar diciendo que es una obra maestra. No lo es. Pero tampoco lo es La Catedral del Mar y mira el éxito que tuvo. Yo la recomiendo. Es una novela amena, entretenida y con la exclusividad de haber sido publicada con una tirada muy corta.

Se puede encontrar en Bubok y comprar tanto la versión en papel como electrónica.

¿Te va eso de escribir? ¿Te gustaría publicar tu propio libro? Pues entonces Bubok puede ser un lugar interesante. Échale un vistazo.

Por cierto, hablando de Alberto Pena y de la Productividad y Gestión Personal, podemos encontrar un libro escrito por el autor que sí fue un éxito de ventas hace algo más de dos años y que nos ofrece consejos y un método para gestionarnos mejor y ser más productivos (concepto este último que no tiene nada que ver con hacer más trabajo y cosas así).

En su blog thinkwasabi.com se puede encontrar amplia información sobre el autor, su libro, curso online y otros recursos sobre Productividad y Gestión Personal.

Muy recomendable para personas dinámicas con ganas de superarse un poquito cada día.

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La bala 5.56

Ziaaang. Ziaaang. Pasaron zumbando, altas, dos balas más, pero esta vez no agachó la cabeza porque las esperaba y porque Márquez, recostado en el talud junto a su Betacam, lo estaba mirando. También eso de la 5.56 tiene su miga, pensó Barlés. Menos pesada que sus hermanas de otros calibres, posee además la ventaja de que al dispararse viaja en el límite de su equilibrio, de forma que cuando encuentra carne humana altera la trayectoria. Entonces, en lugar de salir en línea recta va y se tuerce, sale por otro sitio y, de paso, provoca la fractura de los huesos y el estallido de los órganos huecos, la muy zorra.

También es cierto que mata menos, por ejemplo, que un calibre 7.62 OTAN o el más corto del Kalashnikov; pero todo está estudiado. En cuanto a las balas, los muertos enemigos están muertos y ya está. Pero lo eficaz de verdad es que el enemigo tenga, más que muertos, muchos heridos graves, mutilados y cosas así: requieren esfuerzos de evacuación, cura y hospitales, complican la logística del adversario y le revientan la organización y la moral. Matar al enemigo ya no se lleva. Ahora lo moderno es hacerle muchos cojos y mancos y tetrapléjicos y dejar que se las arregle como pueda.

A esa conclusión, suponía Bardés, llegaron los estados mayores tras leer el informe -las estadísticas de Vietnam cruzadas con las campañas napoleónicas, o vaya usted a saber- que algún calificado especialista elaboró después de analizar factores, tendencias y parámetros. Barlés imaginaba al fulano en mangas de camisa, llamándose Mortimer, o Manolo, con la secretaria trayéndole café, gracias, cómo van las cosas, bien, muy bien, siete mil muertos por aquí, diez mil por allá y me llevo cinco, diablos, este café está ardiendo, oye preciosa, si eres tan amable tráeme los porcentajes de quemaduras de napalm. No, éste es de quemaduras en la población civil, me refiero al de soldados de infantería. Gracias, Jennifer, o Maripili. ¿Tomas una copa a la salida del trabajo…? No fastidies con eso de que estás casada. Yo también estoy casado.

Barlés lo sabía muy bien: el hecho de que un artillero serbio, por ejemplo, disparase la granada de mortero PPK-SlA en lugar de la PPK-SBB contra la cola del pan en Sarajevo podía suponer la diferencia entre que Mirjan, o Liljiana, vivieran, muriesen, recibieran heridas leves o quedasen mutilados para toda la vida. Y la existencia o disponibilidad de la  PPK-SlA o la PPK-SBB dependía menos de las ganas del artillero serbio que de los cálculos estadísticos realizados por los citados Mortimer o Manolo mientras, entre café y café, intentaban llevarse al huerto a la secretaria.

La bala retozona del 5.56, esa misma que hace zig-zag y en vez de salir por ahí sale por allá o hace estallar el hígado, se comporta así porque un brillante ingeniero, hombre pacífico donde los haya, quizá católico practicante, aficionado a Mozart y a la jardinería, pasó muchas horas estudiando el asunto. Tal vez hasta le dio el nombre -Bala Louise, Pequeña Eusebia- porque el día que se le ocurrió el invento era el cumpleaños de su mujer, o su hija. Después, una vez terminados los planos, con la conciencia tranquila y la satisfacción del deber cumplido, el asesino de manos limpias apagó la luz en la mesa de proyectos y se fue a Disneylandia con la familia.

(Extracto de “Territorio Comanche”, 1994 – Arturo Pérez-Reverte).

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Políticos en palacios, escuelas en barracas.

Creo que la frase, escrita en la pared de unos de los llamados “módulos temporales” (barracas) de una escuela pública de Abrera (Barcelona), necesita poca explicación. Habla por sí sola.

La gente común, el pueblo, la clase media y baja, la clase trabajadora (y la que no puede trabajar porque no encuentra trabajo), los de abajo vaya, no somos tontos. No. Es verdad, somos manipulables y nos solemos creer la mayoría de las trolas que los políticos (bueno, sus fieles agentes los medios de comunicación) nos sirven calentitas y listas para tomar en el telediario de las tres, en los informativos de la radio o en el diario de turno. Cierto, nos tragamos muchos sapos.

Pero no somos tontos. Sabemos donde estamos nosotros y donde están ellos; los políticos. En modernos palacios construidos con sueldos públicos de cinco y seis ceros. Sueldos que en muchos casos son vitalicios… Forever and ever, vaya. Palacios construidos con la inestimable ayuda de contratos millonarios, tráfico de influencias, desvío de capitales (curiosa expresión para describir al chorizo/a de toda la vida) y chanchullos similares. Es lo que tiene ir en clase preferente. “Pónganse cómodos sus Señorías”.

Pintada reivindicativa en la pared de una de las clases-barraca habilitadas en el Colegio Ernest LLuch de Abrera (Barcelona)

El ciudadano de a pié, el españolito, catalán, madrileño, gallego, etc… medio aceptamos al cerdo y al político como animal de compañía. Comprendemos que la clase dirigente con tanta y tanta responsabilidad, se vea compensada de alguna manera. Bien. Pero lo que no toleramos ni toleraremos nunca es que mientras vosotros y vuestros medios habláis de crisis, de necesidad de recortes, de ajustarse el cinturón, vosotros, vuestros hijos y vuestros nietos seguiréis viviendo en primera; en clase preferente; en palacios.

No puede ser que mientras vuestros hijos van a los mejores colegios y escuelas privadas del país y del extranjero, los nuestros se vean privados cada día un poquito más. Menos profesores, menos horas lectivas, menos medios. De lo único que parece haber más es de recortes, subidas de matrículas y… barracas. Más barracas.

No somos tontos y, además, tenemos memoria. Por eso no es extraño encontrar mensajes poco sutiles, sí, pero acertados como este:

Mensaje para "los de arriba" pintado en las instalaciones de la Biblioteca de Abrera (Barcelona)

Haber, dinero, lo que es dinero, hay. Lo que no hay es dignidad ni vergüenza.

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